Acampamos sobre la ladera,
próximos al pantano. En mitad de la noche, los desgarradores silbidos de las
arañas me encogían el corazón. Tal vez, en mitad de aquel manto de tinieblas,
era lo que más me asustaba, por encima del hambre, del cansancio, o de la
imposibilidad de volver a casa.
A mi lado, mi compañera cocinaba algo al austero augurio del fuego. El yesquero y el pedernal chocaban entre sus manos, intentando cocinar algo de carne… Al fin, la llama prendió, dándonos fuego y cobijo. Me sentí más aliviado, pues sabía que ninguna criatura aparecería de entre las sombras, ya que todas y cada una de ellas le temían al fuego.
- Pronto nos quedaremos sin comida. – Susurró ella, mirándome. Sus ojos tintineaban con una luz extraña ante el fuego. – Deberíamos arriesgarnos e intentar volver.
- No sé si sería una buena idea. – Comenté, sentándome próximo al fuego. Ella ladeó la cabeza y suspiró.
- Yo tampoco creo que lo sea… Pero no puedo quedarme aquí y esperar a que nos devoren.
De pronto, una explosión partió el ambiente en dos. Miramos hacia la misma dirección. Esperamos.
No paso nada más.
- Es sólo cuestión de tiempo que salten sobre nosotros. – Musitó, apoyando la punta de la espada en el suelo. – El fuego evitará sustos, pero podrían acercarse… Y, en esta zona, son numerosos.
- ¿Tienes miedo?
- Muchísimo… Afortunadamente, lo que más miedo me da no se acerca demasiado a la luz del fuego. Y es un ente pacífico, si no se le ataca.
- Pero, si nos atacaran todos a la vez, y hubiera uno de ellos en medio…
- No quiero pensar en eso. – Golpeaba el aire con la espada mientras hablaba.
- Te propongo algo. – Dije, en un tono conciliador. – Esperaremos a que se apague el fuego… Y luego nos pondremos en marcha. Intentaremos movernos entre ellos sin que se den cuenta de nuestra presencia.
- Eso es demasiado…
- … peligroso. Pero, si no nos movemos, como has dicho, nos quedaremos sin comida.. Es un riesgo que tenemos que pagar…
Ella me dedicó una mirada de temor, pero decidida. En sus ojos, vi mucho más valor del que, probablemente, en aquel momento tenía yo.
La noche sería sorprendentemente larga.
Y esperábamos sobrevivir a ella.
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